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<  Aprendiendo con Silvio   ~  Cayo una estrella

marcello72
Publicado: Sab Nov 11, 2006 7:34 pm Responder citando
Pionero
<font color=#009933>Pionero</font>
Registrado: 01 Sep 2006 Mensajes: 43

Aquí les dejo el cuentito del gran Ray Bradbury "Caleidoscopio", inspirador para esa bellísima canción "Cayó una estrella".
(El archivo es pequeñito)
http://www.megaupload.com/?d=V8Q0K790
Espero que les guste,
saludos


Para los que no les gusta bajar aquí la pasamos:

El Caleidoscopio - Ray Bradbury

El primer impacto rajó la nave cual si fuera un gigantesco abrelatas. Los hombres fueron arrojados al espacio, retorciéndose como una docena de peces fulgurantes. Se diseminaron en un mar oscuro mientras la nave, convertida en un millón de fragmentos, proseguía su ruta semejando un enjambre de meteoritos en busca de un sol perdido.
-Barkley, Barkley, ¿dónde estás?
Voces aterrorizadas, niños perdidos en una noche fría.
-¡Woode, Woode!
-¡Capitán!
-Hollis, Hollis, aquí Stone.
-Stone, soy Hollis. ¿Dónde estás?
-¿Cómo voy a saberlo? Arriba, abajo... Estoy cayendo. ¡Dios mío, estoy cayendo!
Caían. Caían, en la madurez de sus vidas, como guijarros diminutos y plateados. Se diseminaban como piedras lanzadas por una catapulta monstruosa. Y ahora en vez de hombres eran sólo voces.
Voces de todos los tipos, incorpóreas y desapasionadas, con distintos tonos de terror y resignación.
-Nos alejamos unos de otros.
Era cierto. Hollis, rodando sobre sí mismo, sabía que lo era y, de alguna forma, lo aceptó. Se alejaban para recorrer distintos caminos y nada podría reunirles de nuevo. Vestían sus trajes espaciales, herméticamente cerrados, sus pálidos rostros ocultos tras las placas faciales. No habían tenido tiempo de acoplarse las unidades energéticas. Con ellas, habrían sido pequeños botes salvavidas flotando en el espacio. Se habrían salvado, habrían salvado a otros, habrían encontrado a todos hasta unirse para formar una isla de hombres y pensar en alguna salida. Pero ahora, sin las unidades energéticas acopladas a sus hombros, eran meteoritos alocados encaminándose hacia destinos diversos e inevitables.
Pasaron diez minutos. E1 terror inicial se apagó, dando paso a una calma metálica. Sus voces extrañas empezaron a entrelazarse en el espacio, un telar inmenso y oscuro, cruzándose y volviéndose a cruzar hasta formar el tejido final.
-Stone a Hollis. ¿Cuánto tiempo podremos hablar por radio?
-Depende de tu velocidad y la mía.
-Una hora, supongo.
-Algo así -dijo Hollis, pensativo y tranquilo.
-¿Qué sucedió? -preguntó Hollis al cabo de un minuto.
-El cohete estalló, eso es todo. Los cohetes estallan, ¿sabes?
-¿Hacia dónde caes?
-Creo que me estrellaré en el Sol.
-Yo en la Tierra. De vuelta a la madre Tierra a quince mil kilómetros por hora, Arderé como una cerilla.
Hollis pensó en ello con una sorprendente serenidad. Le parecía estar separado de su cuerpo, viéndolo caer y caer en el espacio, con la misma tranquilidad con la que había visto caer los primeros copos de nieve de un invierno muy lejano.

Los otros guardaban silencio. Pensaban en el destino que les había llevado a esto, a caer y caer sin poder hacer nada para evitarlo. Hasta el capitán callaba, porque no había orden o plan que pudiera arreglarlo todo.
-¡Oh, esto es interminable! ¡Interminable, interminable! -exclamó una voz. ¡No quiero morir, no quiero morir! ¡Esto es interminable!
-¿Quién habla?
-No lo sé.
-Creo que es Stimson. Stimson, ¿eres tú?
-Esto es interminable y no me gusta. ¡Dios mío, no me gusta nada!
-Stimson, aquí Hollis. Stimson, ¿me oyes?
Una pausa. Seguían separándose unos de otros.
-¿Stimson?
-Sí -replicó por fin.
-Stimson, tranquilízate. Todos tenemos el mismo problema.
-No quiero estar aquí. Me gustaría estar en cualquier otro sitio.
-Hay una posibilidad de que nos encuentren.
-Si, sí, seguro -dijo Stimson-. No creo en esto, no creo que esté sucediendo realmente.
-Es una pesadilla -dijo alguien.
-¡Cállate! -ordenó Hollis.
-Ven y hazme callar -contestó la voz. Era Applegate. Se reía con toda tranquilidad, sin histeria-. Ven y hazme callar.
Por primera vez, Hollis sintió su impotencia. La cólera se adueñó de él porque en aquel momento deseaba, más que ninguna otra cosa, herir a Applegate. Había esperado muchos años para poder hacerlo..., y ahora era demasiado tarde. Applegate era únicamente una voz radiofónica.
¡Y seguían cayendo y cayendo!

Dos de los hombres se pusieron a gritar, de repente, como si acabaran de descubrir el horror de su situación. Hollis vio a uno de ellos, en una pesadilla, flotando muy cerca de él, chillando y chillando.
-¡Basta!
El hombre estaba casi al alcance de su mano. Gritaba enloquecido. Nunca se callaría. Seguiría chillando durante un millón de kilómetros, mientras se encontrara en el campo de acción de la radio. Fastidiaría a todos los demás e impediría que hablaran entre sí.
Hollis alargó la mano. Era mejor así. Hizo un último esfuerzo y tocó al hombre. Se agarró a su tobillo y fue desplazando la mano hasta llegar a la cabeza. El hombre chilló y se retorció como si estuviera ahogándose. Sus gritos llenaron el universo.
"Da lo mismo -pensó Hollis-. El Sol, la Tierra o los meteoros lo matarán igualmente. ¿Por qué no ahora?"
Hollis aplastó la placa facial del hombre con su puño metálico. Los gritos cesaron. Se apartó del cadáver y lo dejó alejarse siguiendo su propio curso, cayendo y cayendo.
Hollis y los demás seguían cayendo sin cesar en el espacio, en el interminable remolino de un terror silencioso.
-Hollis, ¿sigues ahí?
Hollis no contestó. Una oleada de calor inundó su rostro.
-Aquí Applegate otra vez.
-¿Qué hay, Applegate?
-Hablemos. No podemos hacer otra cosa.
El capitán intervino.
-Ya es suficiente. Tenemos que encontrar una solución.
-Capitán, ¿por qué no se calla?
-¿Qué?
-Ya me ha oído, capitán. No pretenda imponerme su rango, porque nos separan quince mil kilómetros y no tenemos que engañarnos. Tal como dijo Stimson, la caída es interminable.
-¡Compórtese, Applegate!
-No quiero. Esto es un motín de uno solo. No tengo una maldita cosa que perder. Su nave era mala, usted un mal capitán, y espero que se ase cuando llegue al Sol.
-¡Le ordeno que se calle!
-Adelante, vuelva a ordenarlo. -Applegate sonrió a quince mil kilómetros de distancia. El capitán no dijo nada más-. ¿Dónde estabamos, Hollis? Ah, sí ya recuerdo. También te odio a ti. Pero tú ya lo sabes. Hace mucho tiempo que lo sabes.
Hollis, desesperado, cerró los puños.
-Quiero confesarte algo -prosiguió Applegate-. Algo que te hará feliz. Fui uno de los que votaron contra ti en la Rocket Company, hace cinco años.
Un meteorito surcó el espacio. Hollis miró hacia abajo y vio que no tenía mano izquierda. La sangre brotaba a chorros. De repente, advirtió la falta de aire en su traje. El oxígeno que conservaba en los pulmones le permitió, sin embargo, hacer un nudo a la altura de su codo izquierdo, apretando la juntura y cerrando el escape. La rapidez del suceso no le dio tiempo a sorprenderse. Ninguna cosa podía sorprenderle en aquel momento. Ya cerrado el boquete, el aire volvió a llenar el traje en un instante. Y la sangre, que había brotado con tanta facilidad, quedó comprimida cuando Hollis apretó aún más el nudo, hasta convertirlo en un torniquete.
Todo esto había sucedido en medio de un terrible silencio por parte de Hollis. Los otros hombres conversaban. Uno de ellos, Lespere, hablaba sin cesar de si mujer de Marte, de su mujer venusiana, de su mujer de Júpiter, de su dinero, sus buenos tiempos, sus borracheras, su afición al juego, su felicidad... Hablaba y hablaba, mientras todos caían. Lespere, feliz, recordaba el pasado mientras se precipitaba a la muerte.

¡Todo era tan raro' Espacio, miles de kilómetros de espacio, y voces vibrando en su centro. Ningún hombre al alcance de la vista, sólo las ondas de radio se agitaban tratando de emocionar a otros hombres.
-¿Estás enfadado, Hollis?
-No.
Y no lo estaba. Había recuperado la serenidad. Era una masa insensible, cayendo para siempre hacia ninguna parte.
-Durante toda tu vida quisiste llegar a la cumbre, Hollis. Y yo lo impedí. Siempre quisiste saber lo que había ocurrido. Bien, voté contra ti antes de que me despidieran a mí también.
-No tiene importancia.
Y no la tenía. Todo había terminado. Cuando la vida llega a su fin es como un intenso resplandor. Un instante en el que todos los prejuicios y pasiones se condensan e iluminan en el espacio, antes de que se pueda decir una sola palabra. Hubo un día feliz y otro desdichado, hubo un rostro perverso y otro bondadoso... El resplandor se apaga y se hace la oscuridad.
Hollis pensó en su pasado. Al borde de la muerte, una sola cosa le atormentaba y por ella, únicamente por ella, deseaba seguir viviendo. ¿Sentirían lo mismo sus compañeros de agonía? ¿Tendrían aquella sensación de no haber vivido nunca? ¿Pensarían, como él, que la vida surge y muere antes de poder respirar una vez? ¿Les parecería a todos tan abrupta e imposible, o sólo a él, aquí, ahora, con escasas horas para meditar?
Uno de los otros hombros estaba hablando.
-Bueno, yo viví bien. Tuve una esposa en Marte, otra en Venus y otra en Júpiter. Todas tenían dinero y se portaron muy bien conmigo. Fue maravilloso. Me emborrachaba, y hasta una vez gané veinte mil dólares en el juego.
"Pero ahora estás aquí -pensó Hollis-. Yo no tuve nada de eso. Tenía celos de ti, Lespere. En pleno trabajo envidiaba tus mujeres y tus juergas. Las mujeres me asustaban y huía al espacio, siempre deseándolas, siempre celoso de ti por tenerlas, por tu dinero, por toda la felicidad que podías conseguir con aquella vida alocada. Pero ahora se acabó todo, caemos. Ya no tengo celos de ti. Es mi final y el tuyo y todo parece no haber sucedido nunca."
Hollis levantó el rostro y gritó por la radio:
-¡Todo ha terminado, Lespere!
Silencio.
-¡Como si nunca hubiese ocurrido, Lespere!
-¿Quién habla? -preguntó Lespere temblorosamente.
-Soy Hollis.
Se sintió miserable. Era la mezquindad, la absurda mezquindad de la muerte. Applegate le había herido y él, Hollis, quería herir a otro. Applegate y el espacio le habían herido.
-Ahora estás aquí, Lespere. Todo ha terminado, como si nunca hubiera sucedido, ¿no es cierto?
-No.
-Cuando llega el final, todo parece no haber ocurrido nunca. ¿Es mejor tu vida que la mía, ahora? Antes, sí, ¿y ahora? El presente es lo que cuenta. ¿Es mejor? ¿Lo es?
-¡Sí, es mejor!
-¿Por qué?
-Porque conservo mis pensamientos, ¡porque recuerdo! -gritó Lespere, muy lejos, indignado, apretando los recuerdos a su pecho con ambas manos.

Y estaba en lo cierto. Hollis lo comprendió mientras una sensación fría como el hielo fluía por todo su cuerpo. Existían diferencias entre los recuerdos y los sueños. A él sólo le quedaban los sueños de las cosas que había deseado hacer, pero Lespere recordaba cosas hechas, consumadas. Este pensamiento empezó a desgarrar a Hollis con una precisión lenta, temblorosa.
-¿Y para qué te sirve eso? -gritó a Lespere-. ¿De qué te sirve ahora? Lo que llega a su fin ya no sirve para nada. No estás mejor que yo.
-Estoy tranquilo -contestó Lespere-. Tuve mi oportunidad. Y ahora no me vuelvo perverso, como tú.
-¿Perverso?
Hollis meditó. Nunca, en toda su vida, había sido perverso. Nunca se había atrevido a serlo. Durante muchos años debió de haber estado guardando su perversidad para una ocasión como la actual. "Perverso". La palabra martilleó en su mente. Se le saltaron las lágrimas y resbalaron por su cara.
-Cálmate, Hollis.
Alguien había escuchado su voz sofocada.
Era completamente ridículo. Tan sólo un momento antes, había estado aconsejando a otros, a Stimson... Había sentido coraje y creído que era auténtico. Pero, ahora lo comprendía, no se trataba más que de conmoción, y de la "serenidad", que puede acompañarla. Y ahora trataba de condensar toda una vida de emociones reprimidas en un intervalo de minutos.
-Sé lo que sientes, Hollis -dijo Lespere, ya a treinta mil kilómetros de distancia, con una voz cada vez más apagada-. No me has ofendido.
"Pero, ¿no somos iguales? -se preguntó un aturdido Hollis-. ¿Lespere y yo? ¿Aquí, ahora? Si algo ha terminado, ya está hecho. ¿Qué tiene de bueno, entonces? Los dos moriremos, de una forma o de otra."
Pero Hollis sabía que todo aquello era puro raciocinio. Era como intentar explicar la diferencia entre un hombre vivo y un cadáver: uno poseía una chispa, un aura, un elemento misterioso, y el otro no.
Y lo mismo ocurría con Lespere y él. Lespere había vivido enteramente, y ello le convertía ahora en un hombre diferente. Y él, Hollis, había estado muerto durante muchos años. Se acercaban a la muerte siguiendo distintos caminos y, con toda probabilidad, si existieran varios tipos de muertes, el de Lespere y el suyo serían tan diferentes como la noche y el día. La cualidad de la muerte, como la de la vida, debe ser de una variedad infinita. Y si uno ya ha muerto una vez, ¿por qué preocuparse de morir para siempre, tal como estaba muriendo él ahora?
Un momento después descubrió que su pié derecho había desaparecido. Estuvo a punto de reír. E1 aire por segunda vez había escapado de su traje. Se inclinó rápidamente y vio salir la sangre. El meteorito había cortado la carne y el traje hasta el tobillo. Oh, la muerte en el espacio era humorística: te despedaza poco a poco, cual tétrico e invisible carnicero. Hollis apretó la válvula de la rodilla. Sentía dolor y mareo. Luchó por no perder la conciencia, apretó más la válvula y contuvo la sangre, conservando el aire que le quedaba. Se enderezó y prosiguió su caída. No podía hacer más.
-¿Hollis?
Hollis respondió cansinamente, harta de aguardar la muerte.
-Aquí Applegate de nuevo -dijo la voz.
-Sí.
-He estado pensando, y escuchándote. Esto no va bien. Nos convierte en perversos. Es una forma de morir muy mala, nos saca toda la maldad que llevamos dentro. Hollis, ¿me escuchas?
-Sí
-Te mentí. Hace un momento. Te mentí. No voté contra ti. No sé por qué lo dije. Creo que deseaba hacerte daño. Parecías el más indicado. Siempre nos hemos peleado, Hollis. Creo que me estoy haciendo viejo de repente, arrepintiéndome. Guando oí que tú eras un perverso me avergoncé. Es igual, quiero que sepas que yo también fui un idiota. No hay ni pizca de verdad en todo lo que dije. Y vete al infierno.

Hollis sintió que su corazón volvía a latir. Había estado parado durante cinco minutos. Ahora, todos sus miembros recuperaron el calor. La conmoción había terminado, y los sucesivos ataques de cólera, terror y soledad iban disipándose. Era un hombre recién salido de una ducha fría matutina, listo para desayunar y enfrentarse a un nuevo día.
-Gracias, Applegate.
-No hay de qué. Y anímate, bobo.
-¿Dónde está Stimson? ¿Cómo se encuentra?
-¿Stimson?
Todos escuchaban atentamente:
-Debe de haber muerto.
-No lo creo. ¡Stimson!
Volvieron a escuchar.
Y oyeron una respiración dificultosa, lejana, lenta...
-Es él. Escuchad.
-¡Stimson!
Nadie respondió.
Sólo podían oír una respiración lenta y bronca.
-No contestará.
-Ha perdido el conocimiento. Dios le ayude.
-Es él, escuchad.
Una respiración apenas audible, el silencio.
-Está encerrado como una almeja. Encerrado en sí mismo, haciendo una perla. Consideradlo así, todo tiene su poesía. Él es más feliz que nosotros.
Stimson flotaba en la lejanía. Todas lo escucharon.
-¡Eh! -dijo Stone.
-¿Qué?
Hollis había contestado con toda su fuerza. Stone, más que ningún otro, era un buen amigo.
-Estoy entre un enjambre de meteoritos, pequeños asteroides.
-¿Meteoritos?
-Creo que es el grupo de Mirmidón, que se desplaza entre Marte y la Tierra y tarda cien años en recorrer su órbita. Me encuentro justo en el medio. Es como un caleidoscopio gigante. Hay colores, formas y tamaños de todos los tipos. ¡Dios mío, que hermoso es todo esto!
Silencio.
-Me voy con ellos -prosiguió Stone-. Me llevan con ellos. Estoy condenado. -Y se rió de buena gana.
Hollis trató de ver algo, pero sin conseguirlo. Allí sólo había las grandes joyas del espacio, los diamantes, los zafiros, las nieblas de esmeraldas y las tintas de terciopelo del espacio, y la voz de Dios confundiéndose entre los resplandores cristalinos. Era algo increíble y maravilloso pensar en Stone acompañando al enjambre de meteoritos. Iría más allá de Marte y volvería a la Tierra cada cinco años. Entraría y saldría de las órbitas de los planetas durante las siguientes miles y miles de años. Stone y el enjambre de Mirmidón, eternos e infinitos, girarían y se modelarían como los colores del caleidoscopio de un niño cuando éste levanta el tubo hacia el sol y lo va girando.
-Adiós, Hollis. -La voz de Stone, ya muy debilitada-. Adiós.
-Buena suerte -gritó Hollis, a cincuenta mil kilómetros de distancia.
-No te hagas el gracioso -dijo Stone.
Silencio. Las estrellas se unían más y más entre ellas.
T odas las voces, iban apagándose. Todas y cada una seguían su propia ruta; unas hacia el Sol, otras hacia el espacio remoto. Como el mismo Hollis. Miró hacia abajo. Él, y sólo él, volvía solitario a la Tierra.
-Adiós.
-Tómatelo con calma.
-Adiós, Hollis -dijo Applegate.
Adioses innumerables, despedidas breves. El gran cerebro, extraviado, se desintegraba. Los componentes de aquel cerebro, que habían trabajado con eficiencia y perfección dentro de la caja craneal de la nave espacial, cuando ésta aún surcaba el espacio, morían uno a uno. Todo el significado de sus vidas saltaba hecho añicos. Igual que el cuerpo muere cuando el cerebro deja de funcionar, el espíritu de la nave, todo el tiempo que habían pasado juntos, lo que los unos significaban para los otros, todo eso moría. Applegate ya no era más que un dedo arrancado del cuerpo paterno, ya nunca más sería motivo de desprecio o intrigas. El cerebro había estallado y sus fragmentos inútiles, faltos de misión que cumplir, se desperdigaban. Las voces desaparecieron y el espacio quedó en silencio. Hollis estaba solo, cayendo.
Todos estaban solos. Sus voces se habían desvanecido como los ecos de palabras divinas vibrando en el cielo estrellado. El capitán marchaba hacia el Sol. Stone se alejaba entre la nube de meteoritos, y Stimson, encerrado en sí mismo. Applegate iba hacia Plutón. Smith, Turner, Underwood... Los restos del caleidoscopio, las piezas de lo que otrora fue algo coherente, se esparcían por el espacio.
"¿Y yo? -pensó Hollis-. ¿Qué puedo hacer? ¿Puedo hacer algo para compensar una vida terrible y vacía? Si pudiera hacer algo para reparar la mezquindad de todos estos años, el absurdo del que ni siquiera me daba cuenta... Pero no hay nadie aquí. Estoy solo. ¿Cómo hacer algo que valga la pena cuando se está solo? Es imposible. Mañana por la noche me estrellaré contra la atmósfera de la Tierra. Arderé, y mis cenizas se esparcirán por todos los continentes. Seré útil. Sólo un poco, pero las cenizas son cenizas y se mezclarán con la tierra."
Caía rápidamente, como una bala, como un guijarro, como una pesa metálica. Sereno, ni triste ni feliz... Lo único que deseaba, cuando todos los demás se habían ido, era hacer algo válido, algo que sólo él sabría.
"Cuando entre en la atmósfera, arderé como un meteoro."
-Me pregunto si alguien me verá -dijo en voz alta.

Desde un camino, un niño alzó la vista hacia el cielo.
-¡Mira, mamá! ¡Mira! -gritó-. ¡Una estrella fugaz!
La estrella blanca, resplandeciente, caía en el polvoriento cielo de Illinois.
-Pide un deseo -dijo la madre del niño-. Pide un deseo.

[Fin]

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Maine
Publicado: Sab Nov 11, 2006 9:24 pm Responder citando
Caballo Místico
<font color=#3300CC>Caballo Místico</font>
Registrado: 10 Jul 2006 Mensajes: 2147 Ubicación: Montevideo, Uruguay

bravo bravo Marcello bravo bravo
No sabía que esa canción estaba inspirada en este cuento. Muchas gracias por postearlo. Qué maestro Bradbury.

_________________
Pero he dicho lo mío a tiempo...
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escaramujo
Publicado: Dom Nov 12, 2006 1:23 pm Responder citando
Güije
<font color=#330033>Güije</font>
Registrado: 25 Sep 2006 Mensajes: 660 Ubicación: Cáceres. España

Escalofriante relato. Pero ¿estáis seguros de que Silvio se inspira en él?. Es obvio el parecido del final, pero eso puede ser un lugar común. ¿Ha dicho Silvio algo al respecto? A mi el tema de la cacnión me parece otro.

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Yo vivo de preguntar
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Invitado
Publicado: Dom Nov 12, 2006 8:40 pm Responder citando



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reijavo
Publicado: Dom Nov 12, 2006 10:58 pm Responder citando
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Administrador
Registrado: 16 May 2006 Mensajes: 2908 Ubicación: Chile, Santiago.
Sexo:Este usuario es un Hombre
escaramujo escribió:
Escalofriante relato. Pero ¿estáis seguros de que Silvio se inspira en él?. Es obvio el parecido del final, pero eso puede ser un lugar común. ¿Ha dicho Silvio algo al respecto? A mi el tema de la cacnión me parece otro.


Silvio lo mencionó en una entrevista, no recuerdo cual. No es un lugar común y además Silvio es un gran fanático de Ray. Yo había leido Caleidoscopio en mi preadolescencia mucho antes de conocer a Silvio. Fue interesante encontrar esta intersección y más fantástico aún es saber que jamás se me hubiera ocurrido hacer semejante maravilla de canción con un cuento de ciencia ficción.


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escaramujo
Publicado: Lun Nov 13, 2006 7:19 am Responder citando
Güije
<font color=#330033>Güije</font>
Registrado: 25 Sep 2006 Mensajes: 660 Ubicación: Cáceres. España

Genial. Queda claro. ¿Cómo explicáis la canción y su relación con el cuento? Es evidente el parecido del final, pero ¿qué significa la canción?

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Yo vivo de preguntar
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marcello72
Publicado: Lun Nov 13, 2006 8:54 pm Responder citando
Pionero
<font color=#009933>Pionero</font>
Registrado: 01 Sep 2006 Mensajes: 43

Estimado Escaramujo no es necesario encontrar una explicación o coherencia entre el cuento y la canción, aunque yo encuentro varias coincidencias y estoy seguro que Reijavo también, sería inutil señalarlas porque considero que la literatura pierde su esencia cuando se la explica. Respecto a la canción Silvio la dedicó especialmente a Bradbury por lo que "su" Caleidoscopio le causo al leerlo (señalaba eso en una entrevista), también hacía mención ahora que lo recuerdo a "Cronicas marcianas" y la charla se extendía a la creencia de Silvio respecto a la posibilidad de vidas extraterrestres e inteligentes.
Gracias Reijavo por esa imagen, genial.
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escaramujo
Publicado: Mar Nov 14, 2006 1:02 pm Responder citando
Güije
<font color=#330033>Güije</font>
Registrado: 25 Sep 2006 Mensajes: 660 Ubicación: Cáceres. España

Apreciados 72 Marcelos, :guiño :guiño coincido con vosotros en que no es necesario que la canción y el cuento tengan temas comunes. Mi duda está en si he entendido la intención de la canción. Para vosotros ¿qué significado tiene?¿Qué lectura hacéis?

Por cierto, mucahs gracias por transcribirlo. Me ha parecido muy interesante. bravo bravo bravo

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marcello72
Publicado: Vie Nov 24, 2006 5:30 pm Responder citando
Pionero
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Registrado: 01 Sep 2006 Mensajes: 43

Un poco demorado lo que escribo. Cuando uno pide un deseo es por lo general un acto individual, aquí Silvio dibuja un niño que paradójicamente, pide no sólo un deseo para él, sino para todos, un acto total de entrega y amor.
Referente al cuento, Hollys "me brinda" una frase clave que me deja pensando "Cómo hacer algo que valga la pena cuando se está solo?". Será pidiendo un deseo despojado de egoísmo?.
saludos
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reijavo
Publicado: Mar Dic 26, 2006 2:11 pm Responder citando
Administrador
Administrador
Registrado: 16 May 2006 Mensajes: 2908 Ubicación: Chile, Santiago.
Sexo:Este usuario es un Hombre
totalmente de acuerdo con lo anterior. La cancion esta es un tributo al cuento, pero ademas silvio le agrega tintes de solidaridad humana, que son los deseos del niño ante la estrella fugaz, estrella que es un cosmonauta desintegrandose en la atmosfera terrestre..

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beto juarez
Publicado: Mie Ene 24, 2007 10:36 pm Responder citando
Güije
<font color=#330033>Güije</font>
Registrado: 29 Dic 2006 Mensajes: 608
Sexo:Este usuario es un Hombre
Reijavo, en el cuento el niño pide un deseo a una estrella fugaz, que no es tal, sino un cuerpo humano incinerándose.
En la canción de Silvio no hay tal cosa. Hay una estrella, "una hebra de diamante por el cielo", que ya cayó.
Hay un niño que la "vio venir". Y al hacerlo formuló deseos. Nada más. Pide para todos, no pide una bicicleta o un playstation para su cumpleaños. Es un niño a salvo de la tele.

Por supuesto, como se lee en el libro de Nogueras y Cassaus, Cayó Una Estrella está dedicada a Bradbury por este cuento específico (parte de la colección de relatos titulada El Hombre Ilustrado).

Muy claro está que escuchando la canción desde esa referencia tenemos una historia muy linda, muy de Silvio.
Pero la canción no tiene esa historia de la nave espacial.
En la canción, la estrella fugaz es una estrella, que cayó.

Recordando lo que leo de las opiniones silviófilas en otros lugares del foro, sobre Te Conozco, por ejemplo, apuesto dos cervezas a que en esa estrela que cae una vez más Silvio nos habla de la Revolución.
El niño es, muy sugestivament, el Silvio niño, que al ver venir la Revolución le pedía cosas. Cosas para otros, para todos.
Es que "ya se dijo que es más grande que ninguno de nosotros, ya se dijo que se hace para otros, para otros".
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escaramujo
Publicado: Jue Ene 25, 2007 12:48 pm Responder citando
Güije
<font color=#330033>Güije</font>
Registrado: 25 Sep 2006 Mensajes: 660 Ubicación: Cáceres. España

Pues ahora sí que me atrevo a opinar con más claridad después de tus afirmaciones, Beto. Yo también pienso que la canción está dedicada al cuento, que sirve de leiv-motiv, pero Silvio luego arrima el ascua a su propia sardina y lo usa para hablar de lo que ya nos ha contado en otras ocasiones. Sin embargo el quid de la letra es: ¿Qué simboliza la estrella fugaz?¿La Revolución? Puede, pero yo creo que eso no es lo que dice directamente la letra: Cuando el niño ve la estrella fugaz, pide para mil, para cien mil, para todos, pide el bien colectivo, el amor humano universal.¿Quién es ese niño que pide? Silvio.¿Quién concede? Esa estrella fugaz,que es un leve soplo, algo que, al menos, un segundo nos trae felicidad: una sonrisa de plata en la brisa (qué pictórica esa estrellita que dibuja un arco sonriente).

Bueno, retomemos el asunto, ¿qué es la estrella a la que el niño-Silvio pide? Pues creo que la propia canción lo dice:

Cayó una sonrisa de plata en la brisa
Cayó una canción


Para mi esos últimos versos son la síntesis de todo el texto: la estrella fugaz es la canción, compañera y amiga, que durante unos segundos nos ofrece fugaz el sueño de la utopía colectiva. Es esa misma idea de Canto arena:

arrojo estrellas a mecharse contra vientos,
el sueño ha desencadenado la canción
y la canción de hoy me sabe a juramento.


A mi modo de ver, como Beto tan bien ha ilustrado, el cuento de Ray Bradbury es uno de esos trucos de prestidigitador que nuestro poeta se suele sacar del bolsillo para contextualizar las letras de sus canciones ante el auditorio y dotarlas de nuevos significados, de profundidad, de cierto volumen. Como todo literato que se precie, Silvio, en un ejercicio de intertextualidad, también charla con uno de sus escritores favoritos, Ray Bradbury y eleva su canción por el universo.

_________________
Yo vivo de preguntar
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beto juarez
Publicado: Jue Ene 25, 2007 4:49 pm Responder citando
Güije
<font color=#330033>Güije</font>
Registrado: 29 Dic 2006 Mensajes: 608
Sexo:Este usuario es un Hombre
Vale, Escaramujo, de acuerdo en todo.
Yo lamenté haber posteado lo anterior, ya que luego busqué entre mis cintas la canción, la escuché y reparé en varios detalles que en su momento la memoria me negó.
Como eso que dices de que lo que cayó es -también- una canción.
"Cayó" acá no es negativo, se usa como cuando se dice que la lluvia cae.

Y sí, definitvamente: Silvio le roba la idea a Bradbury: un niño ante una estrella, formulando deseos. Y de allí arma algo totalmente autónomo.

Esto da para sacarle más astilla. ¿Lo llevamos a la sección pertinente y discutimos con los amigos silviófilos? Apuesto que JCBalderas, Daniel, Bonobo, Fernando, Reijavo... tienen muchas ideas valiosas para compartir.
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echewwe
Publicado: Mar Mar 20, 2007 10:12 pm Responder citando
Vigía
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Registrado: 08 Feb 2007 Mensajes: 152 Ubicación: La casa del perro, Chile
Sexo:Este usuario es un Hombre
hola

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Kono
Publicado: Mar Mar 20, 2007 11:12 pm Responder citando
Escaramujo
<font color=#996600>Escaramujo</font>
Registrado: 04 Mar 2007 Mensajes: 87 Ubicación: Santiago de Chile

beto juarez escribió:
Vale, Escaramujo, de acuerdo en todo.
Yo lamenté haber posteado lo anterior, ya que luego busqué entre mis cintas la canción, la escuché y reparé en varios detalles que en su momento la memoria me negó.
Como eso que dices de que lo que cayó es -también- una canción.
"Cayó" acá no es negativo, se usa como cuando se dice que la lluvia cae.

Y sí, definitvamente: Silvio le roba la idea a Bradbury: un niño ante una estrella, formulando deseos. Y de allí arma algo totalmente autónomo.

Esto da para sacarle más astilla. ¿Lo llevamos a la sección pertinente y discutimos con los amigos silviófilos? Apuesto que JCBalderas, Daniel, Bonobo, Fernando, Reijavo... tienen muchas ideas valiosas para compartir.


Dale Beto; envíanos tu interpretación al lugar correspondiente del foro; yo entretanto me iré en el metro de Santiago a mi guarida leyendo el cuento y la letra de la canción

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